Crisis existencial: ¿qué es lo que realmente nos pasa?
Vivir una crisis existencial es uno de los motivos más frecuentes para acudir a terapia psicológica. Sin embargo, esto no quiere decir que haya algo «mal» en nosotros. Estas crisis existenciales nos acompañan en ciertos momentos de nuestra vida. Pero… ¿en qué consisten realmente? ¿Por qué nos ocurren?
Existen ciertas palabras que usamos en nuestro día a día para tratar de entendernos: autoestima, límites, etc. Una de ellas es la famosa «crisis existencial».
Nos referimos a ella cuando nos sentimos vacíos, sin propósito, bien sea por alguna experiencia difícil (suelen asociarse a rupturas de pareja, cambios de país, salir de un trabajo, etc.) o sencillamente por el paso del tiempo.
Esta sensación está asociada a ansiedad, desánimo, además de esa sensación de «vacío». Sin embargo, estas sensaciones son abstractas, nos confunden y nos llevan a estar aún más bloqueados. ¿En qué consisten realmente estas crisis existenciales?
Tras más de 15 años acompañando a personas en procesos de cambio y terapia, muchas de esas personas decían estar viviendo una crisis existencial. Lo que hemos descubierto en esos procesos ha sido interesante y muy revelador. No son crisis de edad ni necesariamente por lo que nos ha pasado. Es algo más, que a su vez puedes utilizar para estar mejor.
En este artículo vamos a profundizar en qué es una crisis existencial, por qué nos sucede y, sobre todo, cómo resolverla. Lo que voy a contarte está basado en experiencia directa en terapia (de eso, chatgpt no sabe nada). Vamos a por ello.
Qué es de verdad una crisis existencial
Una crisis existencial o sensación de vacío es ante todo la necesidad de cambiar de sistema de vida. Solemos asociar estas crisis a determinadas edades: la crisis de los 40, de los 50… sin embargo, he acompañado a personas que tenían estas crisis en cualquier momento (incluso con 25 años). Lo que ocurre en un sentido psicológico y emocional es lo siguiente.
Los seres humanos vivimos según nuestro sistema de valores, creencias, experiencias, formas de relacionarnos. Vivimos con una especie de sistema de actitudes, pensamientos y conductas. Sin embargo, llega un momento de nuestra vida donde ese sistema ya no nos funciona. Puede tratarse del paso del tiempo (todos los seres humanos cambiamos con la edad), de una ruptura de pareja (que nos trae un cambio total de valores y expectativas sobre cómo vamos a vivir a partir de ahora), de ciudad, trabajo, etc.
Te lo explico brevemente en este vídeo (el artículo continúa más abajo).
Lo importante es que ese sistema ya no nos funciona… en lo que creíamos, en cómo vivíamos… ya no nos sirve. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias naturales? Sentirnos vacíos. Ese vacío, en realidad, es miedo e inseguridad. El mundo se transforma en una incertidumbre constante y ya no sabemos cómo navegar en él.
¿A qué nos lleva?
Este tipo de experiencias se vinculan con vacío porque nos bloquean. El miedo y la inseguridad que provoca esa incertidumbre nos lleva al bloqueo, a dudar de todo, a no saber qué queremos.
Sin embargo, todos los seres humanos sabemos lo que queremos en esencia: estar bien, poder desarrollarnos y poder compartirlo con ciertos vínculos. Lo que no sabemos es cómo hacerlo… tras una crisis existencial, esa forma cambia completamente.
El mundo es pura incertidumbre. Nunca sabemos qué va a ocurrir. Aún así, nuestro sistema de vida nos lleva a tener rutinas, poder predecir el día a día, sentirnos seguros con nuestra estabilidad, y nos agarramos a esos pilares, a través de los cuales construimos una identidad. Por este motivo, quedarnos sin ellos nos deja vacíos. En realidad no es desánimo, sino miedo. El propio miedo y la ansiedad nos lleva al desánimo (por puro agotamiento).
Consecuencias: el poso de la crisis existencial
La principal consecuencia de las crisis es ante todo una dificultad a la hora de entender y de gestionar nuestras emociones. El miedo, la inseguridad, la duda o el desánimo nos conquistan y nos paralizan. A su vez, sentimos que no podemos disfrutar con nada, pero esto es debido a que estamos intentando encontrar bienestar en lo que conocimos… y ese sistema ya no nos funciona.
Estos momentos son duros pero, en realidad, son como la sombra de un animal terrible. Nos asusta, pero al otro lado solo es la proyección de un animal pequeño y más inofensivo. La crisis existencial, en última instancia, es una oportunidad para conocernos, ya que nos lleva a crear un nuevo sistema de vida, con nuevos valores, nuevos aprendizajes, nuevas formas de verte a ti y al mundo. Esa experiencia es la que nos transforma y nos lleva a estar bien.
Tras la tormenta… llega el aprendizaje: soluciones para estar mejor
Cuando vivimos experiencias difíciles, como rupturas, pérdidas o cambios bruscos, solemos sentir que nuestro malestar se debe a lo que ha ocurrido. Es importante y necesario validar nuestro dolor y respetar tu proceso. Al mismo tiempo, la duración o el impacto de ese dolor depende de cómo lo gestionamos. Si nos dejamos llevar por la crisis existencia, dura demasiado, es demasiado intenso y nos condiciona. Por el contrario, existe la oportunidad de utilizar este momento como una oportunidad para crecer.
Si vivimos según un sistema que no nos funciona, la solución pasa por crear un nuevo sistema o adaptarnos a una nueva realidad. Esa realidad no será más triste, sino todo lo contrario: abandonaremos la sensación de pérdida y comenzaremos a construir.
En un momento de crisis existenciales, necesitamos recorrer las siguientes etapas:
1. Descubrir cómo gestionamos lo que sentimos
De esta forma, profundizas más en ti y no en el problema. En lugar de quedarte bloqueado en lo que ha ocurrido, te enfocas en soluciones.
2. Profundizar en ti
Conocer tu sistema de valores, expectativas y creencias nos ayuda a entender en qué consiste ese bloqueo. Desde ese entendimiento, podemos aplicar cambios.
3. Contar con un plan de acción
Recuperar nuestro bienestar solo es posible con cambios. Si continuamos haciendo lo mismo, el bloqueo o crisis existencial continuará. Por este motivo, en un proceso de cambio y terapia diseñamos juntos un plan de acción concreto y personalizado, que te ayude a desatascar este bloqueo y comenzar a experimentar curiosidad, apertura y finalmente bienestar.
4. Interiorizar lo aprendido
Una vez sabemos qué funciona, necesitamos tiempo para interiorizarlo. Por este motivo, en consulta trabajamos con todas las partes de tu personalidad (creencias, actitudes, gestión de emociones, comunicación, forma de relacionarte). Un error habitual en la terapia es abandonarla cuando se experimentan los primeros bloqueos o, por el contrario, una leve mejoría. Sin embargo, los cambios llegan cuando esa mejoría ya no es leve ni pasajera, sino que forma parte de ti. Para esto necesitamos tiempo e interiorizar.
Un proceso para conocerte
Es muy habitual que los procesos terapéuticos no funcionen porque consisten solo en sesiones eventuales. Lo que sentimos no nos ocurre cada 15 días, sino cada día un poco. Por este motivo, mi forma de acompañar es diferente. Desde el año 2018, decidí comenzar a acompañar a las personas de forma constante y sin límite de consulta: cada día, para cualquier necesidad.
De esta forma, existe una mayor compañía y podemos profundizar en lo que te ocurre cuando te ocurre, además de encontrar soluciones de forma más práctica.
También trabajamos con todas las partes de la personalidad y tenemos sesiones, para conocerte mejor, que cuentes con más herramientas y así poder salir de este bloqueo pronto.
Si es lo que necesitas, puedes agendar una primera sesión exploratoria conmigo en este enlace. En la sesión nos conocemos, profundizamos en lo que está ocurriendo y vemos cómo podemos solucionarlo y cómo yo puedo acompañarte. Será una experiencia profunda pero a la vez práctica, donde contarás con la compañía que necesites para sentirte mejor pronto.
Te envío muchos ánimos y compromiso!
Gracias por pensar en ti,
Rubén Camacho