Autoestima y heridas de infancia: ¿cómo te afectan?
Uno de los motivos más habituales para querer vivir un proceso de cambio y terapia es sanar las heridas de infancia. Estas heridas de infancia son como una sombra que nos sigue durante toda nuestra vida. Experimentamos dificultades en las relaciones, de autoconfianza, en el trabajo, y sentimos que existe un aprendizaje anterior que ha construido esa dificultad. ¿Cuáles son esas heridas de infancia? Y sobre todo, ¿cómo es posible superarlas?
Ahora bien, ¿son estas heridas de infancia realmente cicatrices que no pueden sanar? ¿O se trata de aprendizajes que mantenemos en el tiempo y que podemos desaprender?
Si sientes que existen aprendizajes del pasado que te condicionan, el objetivo de este artículo no es solo que lo detectes, sino que vayamos más allá. Lo que nos interesa no es solo descubrir qué te lleva una y otra vez a las mismas dificultades, sino profundizar más para superarlo. A su vez, la relación de la autoestima con estas heridas de infancia es máxima, y tu autoestima es una relación afectiva contigo que construyes durante toda tu vida y que constantemente va cambiando.
Soy Rubén Camacho, psicólogo y coach, y mi trabajo en los últimos 15 años ha sido acompañar a personas que tenían estas dificultades en procesos de cambio y terapia. Lo que voy a contarte en este artículo está basado en la experiencia directa en terapia a través de casos donde esas personas consiguieron sanar las heridas de infancia (o, en muchas ocasiones, lo que creían que eran heridas de infancia).
Si necesitas compañía profesional para descubrir cuál es tu caso y cómo superarlo, puedes agendar una sesión exploratoria conmigo para conocernos, profundizar en tu caso y ver cómo podemos resolverlo. Solo necesitas estar en un lugar cómodo y privado.
Entendiendo las heridas de infancia
Existe una amplia literatura sobre las heridas de infancia. Leemos sobre ello, pensamos en nuestro pasado, rescatamos recuerdos de niñez y pensamos… «lo que me pasa es por esto». Es muy habitual que en consulta me digan «Rubén, tengo una herida de abandono». Sin embargo, cuando vivimos con malestar y dificultades habituales en nuestras relaciones, la clave para superar esas dificultades no es solo creer que tenemos esa dificultad, sino entenderlas con mayor profundidad.
¿En qué consiste realmente una herida de infancia? Consiste, ante todo, en un aprendizaje.
En la infancia somos más vulnerables, estamos en pleno desarrollo y confiamos ciegamente en nuestros vínculos de apoyo. Ante ciertas conductas, podemos aprender que no somos suficientes y terminamos por vivir los vínculos desde el miedo y la inseguridad.
Sin embargo, estas heridas de infancia no son heridas o traumas reales que estén en alguna parte de ti, sino que son aprendizajes y conductas que se han mantenido en el tiempo. Todo lo que te pasa ahora es, en esencia, el resultado de cómo gestionas tus emociones y enfocas tus vínculos ahora. El pasado puede explicar cómo comenzó ese aprendizaje, pero no lo soluciona por sí mismo.
Las 5 heridas de infancia más habituales
Alrededor de esta idea también existen múltiples mitos. En ocasiones, las personas se identifican tanto con su herida de infancia que la consideran una parte de su personalidad, de tal forma que el problema se repite en el tiempo. Sin embargo, estas dificultades se pueden resolver de forma estable.
El mayor error que cometemos con las llamadas heridas de infancia es este: considerar que es una parte de ti, como una huella que no puede borrarse. Pensar que hay que sanarlas solo entendiéndolas es otro error habitual, de la misma forma que no aprendemos a montar en bicicleta solo entendiendo cómo funcionan las marchas, el manillar o los pedales.
Vamos a ver cuáles son las cinco heridas de infancia más habituales y que a mí me transmite en consulta. Finalmente, vamos a ver que detrás de esas heridas hay aprendizajes en común.
Herida de abandono
Esta herida nos lleva a la creencia y sensación de que nuestras relaciones son débiles y terminarán por abandonarnos en cualquier momento, como si no mereciéramos esa relación. Esta idea nos posiciona directamente como alguien dependiente, que necesita de ese vínculo para estar bien.
Herida de rechazo
Este caso es muy similar, solo que se experimenta ese miedo desde la idea de que somos rechazados. A su vez, cada día tomamos decisiones que implican ciertos rechazos. Esta herida nos lleva a observar lo que ocurre de tal forma que experimentamos rechazo en múltiples conductas del otro… que no tienen por qué serlo.
Herida de humillación
Es la herida que surge cuando en la infancia no nos trataron de forma correcta, de tal forma que tendemos a enfocarnos en los demás. En realidad se trata de una co-dependencia: sentir que los demás dependen de ti para estar bien. Su base es, ante todo, la culpa y el miedo.
Herida de traición
Esta herida se basa en la idea de que en nuestra infancia un vínculo de apego importante no mantuvo su promesa, generándonos incertidumbre e inseguridad a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, estas emociones corresponden a nuestros comportamientos. Si bien es cierto que una falta de compromiso por parte de las personas nos genera malestar, cuando vivimos nuestros vínculos en relación a esta idea siempre encontraremos motivos para dudar. A su vez, si existen estas tendencias, la solución es aprender a elegir nuestros vínculos y relaciones según lo que es importante para nosotros.
Herida de injusticia
Finalmente, esta herida se basa en la idea de que unos padres fríos o estrictos no nos validan emocionalmente y esto nos causa un problema en la vida adulta. Si bien es cierto que el afecto es el motor de todo vínculo, muchas personas han vivido situaciones similares en la infancia y han arrastrado el problema hasta la vida adulta, mientras que otras lo han solucionado mediante otros vínculos y experiencias.
¿A qué conclusiones llegamos entonces?
Las heridas de infancia… ¿son reales?
Estas heridas son reales en la medida en la que las sentimos. Ante relaciones de pareja u otros vínculos importantes, sentimos esa herida, que hemos arrastrado a lo largo del tiempo.
Sin embargo, no existe nada similar a una «herida» en nosotros. Esta teoría y heridas, en realidad, son una teoría que explica bastante bien cómo ciertas experiencias en la infancia nos conducen a problemas en la vida adulta, pero no son leyes ni experiencias que necesariamente nos condicionen de esta forma.
¿Por qué nos condiciona entonces tanto?
Si profundizas en lo que has leído hasta ahora, verás que existe algo en común detrás de todas estas heridas: emociones. Todas se sostienen en el miedo, la inseguridad, la culpa o la desconfianza. A través de esas emociones e ideas, mantenemos esos comportamientos y sensaciones con el tiempo.
Heridas de infancia y autoestima: cómo se relacionan
Lo que nos interesa en un proceso de cambio y terapia es, como hablamos, solucionar lo que te ocurre. No queremos etiquetarnos pensando que tenemos una herida A o B, sino profundizar en ti, entender lo que te ocurre de forma única (y no a través de una teoría que generaliza lo que nos pasa) y ante todo encontrar soluciones que te sirvan para futuro.
Sanar las heridas de infancia consiste en eso: en entender que no son heridas, sino aprendizajes.
¿Y cómo se relacionan estas heridas con nuestra autoestima?
Vamos a verlo con profundidad.
Claves para entender tu autoestima
La autoestima es una relación afectiva contigo mismo. En función de cómo te relaciones contigo, te vinculas con el mundo. En realidad, la autoestima no es «alta» o «baja», ya que eso sería entenderla como una forma de valoración personal. La autoestima es un sistema, una forma de vincularte. Tu autoestima funciona cuando tu bienestar depende principalmente de ti, de tus decisiones, rutinas y comportamiento.
Cuando nuestro bienestar depende demasiado de factores externos que no podemos controlar, la autoestima no nos funciona. Esto no quiere decir que el contexto o los demás no nos condicionen. Por supuesto, nuestros vínculos nos hacen sentir emociones, bienestar o malestar. Se trata de que nuestro bienestar no dependa de que los otros se ajusten a nuestros miedos e inseguridades.
¿Qué significan cada una de las heridas de infancia?
Estas heridas son, ante todo, una dificultad a la hora de gestionar ciertas emociones en las relaciones y sobre todo es la consecuencia de una autoestima que no funciona y te hace dependiente.
Para sanar estas heridas de infancia, como vimos, no se trata solo de entenderlas, sino de profundizar en el presente, en cómo estás ahora gestionando lo que sientes y enfocando tus relaciones, y encontrar cambios y aprendizajes que te lleven a trascender el problema. Eso es ante todo lo que buscamos en un proceso de cambio y terapia: trascender lo que ocurre para sanarlo, conocerte mejor y que vivir con bienestar y con relaciones positivas y basadas en la confianza sea lo habitual.
Construir una autoestima positiva (más allá de las heridas de infancia)
Construir una autoestima positiva significa que tu relación contigo es saludable. Existen rutinas donde te cuidas, tu comunicación es asertiva y empática, cuidas tus relaciones pero sin perderte a ti y a tus prioridades. Trabajar con la autoestima no es solo una cuestión de valorarte, sino un trabajo más profundo. Se trata de profundizar en ti, entender cómo construyes esa autoestima y aplicar cambios concretos.
Un proceso de cambio y terapia para crecer y sanar
Si solo detectamos una herida de infancia y nos quedamos con eso, es probable que nada cambie. Saber lo que nos pasa no nos lleva necesariamente al cambio. Necesitamos entenderlo, pero también saber cómo nos afecta en el momento presente de forma concreta. ¿Qué comportamientos le dan valor a esa herida? ¿Qué decisiones o formas de comunicarte te llevan a ello?
Terapia significa profundidad y autoconocimiento, y cambio significa aprendizaje y mejora. Para sanar las heridas de infancia de forma definitiva existen varias claves que ayudan a las personas a ir más allá del problema.
Profundizar en todas las partes de ti
En lugar de quedarnos solo con las heridas, se trata de profundizar en todas las partes de tu personalidad: tu sistema de creencias, tu autoestima, tu gestión de emociones, tu comunicación, tus relaciones, tu autoconocimiento. Los seres humanos no somos solo lo que nos pasa y lo que pensamos sobre ello, sino que existen muchas áreas que se influyen.
Contar con apoyo constante
Cuando cuentas con compañía psicológica pero solo se trata de una sesión eventual, el proceso se hace más frío y distante. Por este motivo, mi forma de acompañar es constante, cada día y sin límite de consulta. Una persona puede consultarme varias veces a la semana o de forma diaria si lo necesita. De esta forma, estamos en contacto en todo momento, cuentas con ayuda para cada situación y podemos encontrar soluciones ese mismo día.
Un proceso profundo… y práctico
Se trata de profundizar en lo que ocurre pero también de aplicar cambios concretos que te lleven a superar lo que ocurre. Sin cambios, todo permanece igual y las sensaciones siguen siendo las mismas.
Si lo que quieres es resolver tu dificultad al 100% y de forma estable, puedes agendar una primera sesión exploratoria conmigo en este enlace. En esta sesión nos conocemos, profundizamos en tu caso con detalle (yendo más allá de teorías generales) y descubrimos cómo podemos solucionar lo que te ocurre y cómo puedo acompañarte.
AGENDA TU SESIÓN EXPLORATORIA AQUÍ
Puedes conocer más sobre mí en este enlace.
Te envío muchos ánimos, ilusión y compromiso. ¡Y te espero en la sesión!
Gracias por pensar en ti,
Rubén