Guía para identificar tus dificultades psicológicas y emocionales
A lo largo de nuestra vida, los seres humanos vivimos momentos complicados que nos causan malestar. Quizá se trate de un problema que se repite con el tiempo, o de algo nuevo que no sabemos cómo afrontar o gestionar. Estas dificultades psicológicas y emocionales nos hacen sentir mal pero, a su vez, pueden ser la oportunidad para vivir un proceso de cambio y autoconocimiento que te ayude a vivir con bienestar de forma estable.
Sin embargo, hoy día vivimos en el mundo de la sobre información. Las redes sociales y la publicidad nos hablan constantemente de teorías, nuevos problemas (que no suelen contar con evidencia sólida), existen enfoques muy diferentes sobre salud mental, y todo esto finalmente nos confunde y dispersa más que ayudarnos.
Por estos motivos, y tras más de 15 años acompañando a personas en procesos de cambio y terapia, he elaborado esta guía para ayudarte a identificar cuáles son tus dificultades psicológicas y emocionales, bien sea si las sientes ahora o si suelen ser frecuentes, y sobre todo, cómo solucionar el problema de forma estable.
Porque una terapia no debe ser una experiencia pasajera para sentirte mejor un tiempo y que luego el problema vuelva. Debe ser un proceso profundo y práctico que suponga un antes y un después.
Lo que voy a contarte en este artículo está basado en las experiencias de las personas a las que he acompañado en los últimos 15 años. Te ayudará a conocerte, descubrir qué ocurre y cómo comenzar a dar los primeros pasos.
¿Cuándo es necesario comenzar terapia?
Un proceso de cambio y terapia nos ayuda a conocernos y a solucionar nuestras dificultades psicológicas y emocionales con garantías. Sin embargo, no debe basarse en una teoría de moda, sino en ti y en tu situación, de forma respetuosa y personalizada.
La decisión de comenzar terapia es muy personal. Tenemos que profundizar en cuáles son las consecuencias del malestar que sentimos y si queremos solucionarlo.
Las 3 posibles situaciones para comenzar terapia
Existen tres momentos diferentes para comenzar una terapia.
Primera situación: cuando ya tenemos el problema encima.
En este caso se trata de ansiedad, desánimo, o de una serie de sensaciones que nos quiebran y nos impiden vivir nuestro día a día con bienestar. Este es el motivo más habitual para comenzar una terapia.
Segunda situación: cuando sientes el problema pero aún puedes manejarlo.
En este caso, el pronóstico es más positivo, ya que aún contamos con energía para solucionar lo que ocurre con garantías y en menor tiempo.
Tercera situación: de forma preventiva.
Muchas personas quieren conocerse mejor y saber gestionar lo que sienten para vivir con bienestar de forma estable y saber afrontar estas dificultades psicológicas y emocionales. Esta siempre ha sido la mejor opción y, a la vez, la menos frecuente. Hoy día vivimos con tanta prisa que habitualmente esperamos a que el malestar ya nos condicione demasiado.
Te dejo un breve vídeo sobre esta guía (las principales dificultades aparecen justo más abajo).
Principales dificultades psicológicas y emocionales
Hoy día es muy habitual hablar de salud mental, como si las personas pudiéramos fallar en este sentido. Sin embargo, es algo muy alejado de la realidad.
El ser humano está naturalmente preparado para vivir con bienestar. Si hoy día sentimos tanto malestar, ansiedad, desánimo, etc., es porque el contexto no es respetuoso con nuestras necesidades como seres humanos. Vivimos a prisa, con conflictos que no resolvemos y con sobre información que nos confunde.
En realidad, no existen problemas de salud mental como si fueran enfermedades, sino problemas psicológicos y emocionales que forman parte de la vida y que podemos solucionar en terapia (sin necesidad de fármacos que cronifiquen el problema).
Las principales dificultades son estas:
Ansiedad
La ansiedad no es una enfermedad mental que deba ser tratada con fármacos. En realidad, se trata de un miedo o inseguridad que se ha hecho muy intenso, frecuente y constante. La ansiedad es el resultado natural de vivir más allá de nuestros límites.
Hay varias causas: psicológicas (por cómo interpretamos lo que ocurre), emocionales (por cómo gestionamos lo que sentimos) y fisiológicas (por cómo respiramos, de ahí esa sensación de ahogo tan desagradable en la boca del estómago o pecho).
La ansiedad nos lleva a vivir con alerta. De ahí, las dificultades para dormir, comer, tener pensamientos intrusivos, afrontar situaciones, poner límites, etc.
Solucionar la ansiedad es posible mediante un trabajo integral. Debemos aprender a poner esos límites, a respirar de forma completa, a adaptarte a tus necesidades reales. Para conseguirlo, también es importante saber gestionar lo que sientes, cómo te comunicas, cómo construyes autoestima, etc.
Desánimo (no es una enfermedad)
El desánimo es un problema cada vez más habitual. Sin embargo, como ocurre con la ansiedad, no es una enfermedad que nos toque por azar. El desánimo es la consecuencia de algo más. Habitualmente, nos desanimamos cuando llevamos demasiado tiempo viviendo con ansiedad (por lo agotador que es). El desánimo también llega cuando tu bienestar no depende principalmente de ti, sino de factores que no puedes controlar (como depender demasiado de los demás).
Solucionar el desánimo pasa por ir a las causas, no solo por tapar síntomas.
Problemas en las relaciones (crisis, discusiones, rupturas)
Las relaciones, especialmente las de pareja, son una de las experiencias más íntimas e importantes del ser humano. A la vez, es donde surgen más miedos e inseguridades. En las relaciones nos encontramos con la oportunidad para gestionar nuestras emociones y saber vincularnos con el otro sin perder nuestra identidad.
La desconfianza, las discusiones (gestión de la ira), la dependencia o co-dependencia son problemas habituales que surgen en las relaciones. Todas son dificultades psicológicas y emocionales relacionadas con la gestión de emociones.
Solucionarlo no pasa por enfocarte en el otro o por técnicas de moda (como el «contacto cero»). Se trata de profundizar en ti, descubrir qué quieres y necesitas tú, y de ahí, construir relaciones saludables donde no te pierdas por el camino.
Problemas de autoestima
La autoestima, en realidad, no es alta ni baja, ni se gana ni se pierde. Este es un error muy habitual en terapia. La autoestima es una relación afectiva contigo a través de la cual fluye una relación con el mundo. Tu autoestima funciona si tu bienestar depende, principalmente, de ti, de tus decisiones, rutinas y hábitos.
Cuando nuestra autoestima no funciona, solemos depender demasiado del otro, no decimos lo que pensamos, tratamos de fingir una personalidad que no tenemos por adaptarnos, etc.
Dificultades de comunicación-relación
La comunicación es uno de los factores más importantes para tener buenas relaciones, tanto personales como laborales. A su vez, es donde más dificultades presentamos. Comunicarnos de forma opaca (sin decir lo que realmente queremos), o de forma imperativa, nos llevan al conflicto una y otra vez.
Tu forma de comunicarte está estrechamente relacionada con cómo te ves y cómo gestionas lo que sientes, ya que nos comunicamos según sentimos.
Falta de claridad (autoconocimiento y bloqueo)
Finalmente, cuando no nos conocemos lo suficiente o vivimos situaciones de bloqueo, pensamientos intrusivos, etc., sentimos un malestar que nos paraliza. La terapia profunda también nos lleva a ese autoconocimiento que necesitamos para tomar decisiones más conscientes.
Cómo abordar estas dificultades en terapia
Solemos pensar que la terapia consiste en desahogarnos o contarle nuestras dificultades a un profesional. Sin embargo, esto está muy alejado de lo que realmente es un proceso de cambio y terapia.
La terapia es una experiencia profesional, basada en evidencias, donde aumentas tu autoconocimiento, descubres con profundidad qué te lleva a esas dificultades, y aprendes a gestionar lo que sientes para estar mejor con estabilidad. Se trata de superar lo que te ocurre ahora, pero también buscamos que sea un aprendizaje que te sirva para siempre.
Para conseguirlo, necesitamos cumplir con ciertas claves en lugar de tener solo sesiones eventuales (que por su eventualidad, no suelen funcionar).
Primero: descubrir cómo funciona tu sistema ahora
Para solucionar lo que te ocurre, no nos funciona centrarnos en factores externos que no podemos controlar, como el comportamiento de los demás. Esto es lo que se suele hacer desde la desinformación de redes sociales para captar tu atención. El único trabajo valioso que podemos hacer es en ti. Por eso, necesitamos entender cómo gestionas lo que sientes ahora, cómo lo interpretas, cómo construyes relaciones, cómo te comunicas, etc. Conociéndote con profundidad, podremos descubrir qué te bloquea y cómo comenzar a aplicar cambios.
Segundo: contar con un plan de acción
En terapia, nada cambia si no hacemos algo diferente. Por eso un proceso terapéutico solo con sesiones que nos sirvan para reflexionar o aliviarnos, no suelen funcionar. Cuando diseñamos un plan de acción concreto, aplicamos pequeños cambios que luego hacen un mundo. Este plan de acción lo hacemos en una sesión y entre los dos, para que te funcione de verdad.
Tercero: contar con compañía constante
Cuando la terapia solo consiste en sesiones eventuales, no sentimos compañía y perdemos el foco. Por este motivo, en mi caso acompaño cada día y con consultas ilimitadas, para que las personas se sientan acompañadas y puedan tener ayuda en el momento en que realmente lo necesitan, sin esperar a agendar una sesión.
Cuarto: profundizar en todas las partes de tu personalidad
Para que los cambios sean estables y un proceso de cambio y terapia te ayude para siempre, necesitamos no quedarnos solo con el problema (lo que pasa ahora), sino en las soluciones. La solución siempre es tu propio autoconocimiento. Por eso, en este proceso trabajamos con todas las partes de tu personalidad, ya que todo tiene una relación.
Profundizamos en tu autoestima, sistema de creencias, gestión de emociones, formas de relación, valores, etc.
Quinto: hacer un trabajo integral
En lugar de pensar solo en la dificultad que tienes ahora, aprovechamos esa dificultad para profundizar más y que todo lo que aprendas te sirva para sentirte mejor en todas las áreas de tu vida: en el trabajo, con tus relaciones y ante todo contigo. No tiene sentido buscar «terapias» para distintos problemas, sino que un proceso de cambio y terapia debe ayudarte con todo lo que necesites resolver.
Sexto: contar con flexibilidad
Cuando un proceso se vive solo con sesiones, termina por resultar eventual, y también largo y costoso en el tiempo. Por esta razón, mi forma de acompañar no solo es constante, sino flexible en el tiempo. Podrás contar con el tiempo que necesites sin que esto afecte a la economía (ya que no se factura por sesiones eventuales).
Vivir con bienestar y claridad
Las dificultades psicológicas y emocionales que encontramos en nuestra vida son desagradables. Sin embargo, vivir no se trata de acostumbrarnos a ellas o resignarnos, sino en aprender a superarlas. Para esto, necesitamos apoyo y compañía experta, más allá de toda esa sobre información actual.
El mensaje más importante y con el que debes quedarte de este artículo es que los seres humanos estamos naturalmente preparados para estar bien. No existen secretos para ser felices ni debemos buscarlos. Nacemos preparados para vivir con bienestar. ¿Qué es entonces lo que nos quita bienestar? Distintas experiencias y aprendizajes en nuestra vida nos llevan a sistemas (formas de vivir) que nos llevan con frecuencia a esas dificultades.
Un proceso de cambio y terapia no consiste solo en desahogarte. Se trata de encontrar apoyo y un espejo, para poder profundizar en ti, conocerte mucho mejor y encontrar soluciones para superar lo que te ocurre ahora y estar bien de forma estable.
Si es lo que quieres, te hago una propuesta especial. Puedes agendar una primera sesión exploratoria totalmente gratuita conmigo, para poder conocernos, profundizar en lo que te ocurre y ver cómo podemos solucionarlo. Para esta sesión reservo unos 90 minutos, así tendremos tiempo suficiente para profundizar. Puedes agendarla en este enlace. Hazlo solo si tienes el compromiso para vivir un proceso profundo y práctico que te lleve a soluciones.
Te envío muchos ánimos, ilusión y compromiso,
Rubén Camacho
Psicólogo