Ira y discusiones: apagar las llamas en tus relaciones

gestionar la ira y las discusiones: cómo apagar las llamas y mejorar tus relaciones

Enfadarte, sentir ira, discutir con frecuencia o perder el control es una de las situaciones más desagradables y sobre todo agotadoras de tu vida. ¿Por qué discutimos tanto? ¿A qué te llevan esas emociones? Y sobre todo, ¿cómo puedes aprender a gestionar la ira para que no sea tan frecuente, intensa y duradera?

En primer lugar: no te preocupes si tu ira, conflictos y discusiones han llegado a un punto donde te has agotado. Siempre estás a tiempo para aprender a entender y a gestionar lo que sientes. Porque enfadarse es normal, sí, además de natural en los seres humanos. El problema es sentir ira durante demasiado tiempo, con demasiada frecuencia, y sobre todo con demasiada intensidad…

Cuando pensamos en una consulta psicológica o en un proceso de cambio creemos que los problemas que se tratan están más relacionados con el desánimo, la autoestima o la falta de confianza.

Sin embargo, quizá te sorprendas (o no) cuando sepas que en muchas ocasiones, sobre todo en el caso de la pareja (también ocurre con frecuencia en las relaciones laborales) el principal problema que tenemos son las discusiones frecuentes, los estallidos de ira donde se pierde el control y cómo esa tendencia perjudica la calidad de tus relaciones y te causa malestar.

¿Qué quiere decirte la ira? ¿De dónde viene? ¿Cómo puedes gestionarla para que sea funcional y no un incendio constante? ¿Tienen aún solución las relaciones desgastadas por las discusiones frecuentes?

El objetivo de este artículo es que encuentres respuestas y soluciones para esta dificultad de forma definitiva. A lo largo de 11 años he acompañado como psicólogo y coach a personas en sus procesos de cambio personal, y la ira o discusiones son uno de los problemas más frecuentes.

Sin embargo… el problema no es la ira en sí misma, sino cómo gestionas todo ese incendio.

En este artículo (más abajo te dejo un vídeo que he preparado donde te lo cuento todo personalmente) vamos a resolver lo siguiente:

  • Por qué la ira y los conflictos son tan constantes y a qué te llevan
  • Cómo puedes gestionarlas para que no te limiten tanto
  • Cómo puedes aliviar las relaciones que se han visto muy deterioradas por la ira y las discusiones
  • Comenzar a aplicar cambios reales y prácticos que te lleven a solucionar este problema de forma estable y definitiva… (no, la ira no está en tu “carácter”. Siempre se puede gestionar)

Mi nombre es Rubén Camacho, psicólogo y coach de empoderamientohumano.com. Si quieres solucionar lo que te ocurre al 100%, reserva unos minutos para ver el vídeo o leer el artículo. En lugar de buscar soluciones parciales, vamos a resolver esto de una vez por todas. Vamos a por ello!

Gestionar la ira y discusiones: solucionar el problema para siempre

Aquí tienes el vídeo. Lo que vas a oír es lo mismo que leerás en el artículo. Tú decides qué formato te gusta más. Si quieres verlo, ¡dale ahora a play! (el artículo continúa más abajo)

Antes te he dicho que uno de los problemas principales que tienen muchas personas a las que acompaño en sus procesos de cambio es la ira o discusiones frecuentes. Sin embargo, este no es el motivo principal por el que quieren comenzar ese proceso… el motivo principal suele ser el miedo, la inseguridad y sobre todo el desánimo y la angustia.

Porque la ira nos causa ese desánimo y angustia. Sentir ira durante demasiado tiempo, frecuencia o intensidad es una de las situaciones que más nos limitan y angustian. A veces queremos romper esas relaciones porque rechazamos esos episodios, no a la persona o relación en sí misma.

La ira y los conflictos son uno de los problemas psicológicos más frecuentes sobre todo en las relaciones personales, amistosas, laborales o de pareja. ¿Por qué? Porque en nuestras relaciones, de cualquier tipo, creamos un vínculo con otra persona que no podemos controlar. No podemos controlar la conducta del otro, qué piensa, qué decisiones toma y qué te dice.

Sentir ira, aunque sea una emoción desagradable e intensa, tiene una misión esencial: ayudarte a entender que existe algo que no te gusta y que quieres cambiar. Querer cambiar lo que ocurre implica que quieres tener el control. A su vez, querer tener el control quiere decir que te da miedo perderlo… y esto, precisamente esto, es lo que ocurre en nuestras relaciones (de cualquier tipo, incluso con los hijos).

Pudiéramos decir que la ira es un modo de miedo activo. Enfadarte por estar en un contexto desagradable (ruidos, que te molesten, etc.) es algo totalmente funcional porque te ayuda a poner límites claros. Sin embargo, cuando la ira surge por la necesidad de controlar al otro, porque no aceptamos lo que ocurre o porque sentimos decepción o inseguridad, esa ira termina por transformarse en un incendio constante.

Cuando la ira es muy frecuente, al ser una emoción tan intensa, nos genera más tarde culpa (por las consecuencias de la ira o la discusión) y sobre todo desánimo (la ira implica mucha energía, que más tarde nos pasa factura). Si los episodios de ira o discusiones son muy frecuentes, ese desánimo puede transformarse en apatía y desmotivación, que también merman la calidad de las relaciones.

¿Qué ocurre si la ira o discusiones es frecuente en una relación de pareja? La relación se vincula con malestar, y se deteriora. ¿Qué ocurre si es con los hijos, familiares o amistades? Se genera desconfianza y malestar, con lo cual terminamos por sentir aislamiento. ¿Y si ocurre dentro del contexto laboral? Se dificulta la comunicación, que termina por ser más opaca, e ir al trabajo puede ser una losa cada vez más pesada.

Vamos a ver algunas de las causas por la cual nuestra ira es demasiado intensa, duradera y frecuente (recuerda: sentir ira en su justa medida puede ser funcional, ya que, como te dije, te puede ayudar a establecer límites claros sobre lo que quieres o no).

  • Necesidad de control por inseguridad y sentirte vulnerable: cuando sentimos demasiado miedo e inseguridad tenemos la tendencia a querer controlar nuestras relaciones. Esa necesidad de control ocasionará que existan situaciones cada vez más tensas que te decepcionen, y es habitual que la ira surja como sistema de defensa. Sin embargo, el problema no está en sentir inseguridad, sino en cómo la gestionas. Si es demasiado limitante, la ira aparecerá con más frecuencia e intensidad.
  • Juicios de valor: vivir según tus valores es algo necesario que te aporta bienestar. Pero utilizar tus valores para juzgar al otro es una tendencia que nos genera solo ira. Cuando realizamos juicios de valor constantes para validar nuestras ideas o para detectar si el otro se comporta justo de la forma en la que tememos, la ira será cada vez más frecuente. Cada juicio de valor se sustenta en un estado emocional cercano a la ira, como las chispas que preceden al incendio.
  • Necesidad de validación personal: cuando tu bienestar depende demasiado de factores externos que no puedes controlar (qué hacen los demás, qué te dicen, cómo te validan o valoran, etc.) es habitual que la ira surja, ya que los otros no van a comportarse tal y como quieres o necesitas.
  • Dificultad para entender y gestionar lo que sentimos (reacciones impulsivas): la impulsividad, contrariamente a lo que creemos, no es una característica de tu carácter sino una conducta aprendida. Aprendemos a reaccionar de forma impulsiva porque no sabemos gestionar lo que interpretamos y sentimos. De la impulsividad a la ira hay un paso muy pequeño.

La ira da lugar, siempre, al agotamiento. Enfadarnos es tan agotador que, si no sabes gestionarlo a tiempo, tu organismo buscará una salida de urgencia: el cansancio. La ira agota, genera reacciones químicas y hormonales en tu cuerpo similares a las de un gran esfuerzo físico. Este es el motivo por el cual la ira nos lleva al desánimo y con el tiempo al desdén y la pereza.

¿Y cómo solucionamos todo esto?

En nuestro mundo digital moderno estamos constantemente bombardeados por una sobre información que siempre pone la culpa en el otro. Conceptos como “personas o reacciones tóxicas” son cada vez más comunes. Sin embargo, esa nunca será la solución. La solución solo está en ti, en aprender a entender y a gestionar lo que sientes. Porque tú siempre serás la persona con la que vas a estar.

Vamos a ver las soluciones a la ira y los conflictos… desde tu propio cambio personal.

Cómo prevenir las discusiones y aplacar la ira (antes de que todo estalle)

Es importante que reflexiones antes sobre algo importante: no siempre podemos solucionar nuestros conflictos. Un conflicto siempre es un asunto de dos y no podrás controlar lo que ocurre por la otra parte. Un conflicto es algo que solo puedes gestionar por tu parte… a veces, una retirada a tiempo puede ser una buena estrategia.

También es habitual pensar que las personas que “evaden” los conflictos no los están gestionando, cuando evadir un conflicto puede ser también una forma válida de gestionar lo que cada uno siente. Todo depende de la situación personal de cada cual, su procesos y dificultades.

¿Qué es lo que tú puedes hacer para gestionar tu propia ira?

Primero: entender tu ira

Nuestras emociones son automáticas y no las podemos controlar (huye de quien te hable del “control de las emociones”). Por esta razón la ira aparece con tanta facilidad, de forma automática. Lo que ocasiona la ira no es lo que ha ocurrido fuera, sino cómo lo has interpretado tú y sobre todo cómo lo gestionas mediante tus comportamientos. Por esta razón ese esencial que aprendas a entender tu ira. ¿Qué interpretas de lo que ha ocurrido que te lleva a la ira? ¿Cómo interpretas a los demás? ¿Cuál es tu comportamiento en el momento en que sientes ira? ¿Qué haces? ¿Cómo lo manifiestas?

Segundo: aprender a gestionarla

Busca pequeñas acciones diferentes que te lleven a gestionar tu ira de una forma más funcional. Si sueles interrumpir, practica la escucha activa (sin realizar juicios de valor). A su vez, detectas que sueles comunicarte de forma imperativa, practica con una comunicación más abierta, inclusiva y basada en preguntas. Por otro lado, si es habitual que alces la voz, te muevas o andes, busca un contexto que te permita relajarte (nadie discute tumbado).

Tercero: profundiza en más aspectos de ti

Tu sistema de creencias, tus interpretaciones, tu propio estilo de autoestima, tu forma de comunicarte e incluso la forma en la que ves y concibes las relaciones también te influyen a la hora de entender y gestionar tu ira. Conocerte y aplicar los cambios que necesitas en cada una de esas áreas será imprescindible, ya que todas están conectadas y te influyen.

El primer paso que siempre seguimos en un proceso de cambio para poder gestionar la ira es no ver esos episodios como una experiencia aislada, sino conectarlo con todo lo que piensas, sientes y te ocurre. Trabajando en tu propio cambio, llegamos a entender cómo esa ira está profundamente relacionada con tus miedos e inseguridades. Luego, aprendiendo a gestionar todo lo que sientes, llegamos a conocer lo que interpretas. Desde la raíz del problema, aplicamos cambios prácticos que te llevan no solo a disminuir la intensidad de la ira, su frecuencia o duración, sino que ese cambio sea estable, porque se interiorice y forme parte de ti.

Cualquier tipo de proceso basado solo en descubrir será profundo, pero quizá no te lleve a cambios claros. Por esta razón es necesario que tu proceso de cambio sea profundo y a la vez práctico: conocerte, pero también aplicar cambios específicos en tu día a día que te lleven a cambiar esas situaciones (siempre desde tu propio cambio personal).

Gestionar la ira es la puerta hacia gestionar lo que sientes con más profundidad, y de ahí, a construir una vida y relaciones donde la aceptación, la seguridad y la confianza sean los estados de ánimo más habituales.

Conseguir ese cambio solo depende de ti y de tus decisiones. Cuando tienes la firmeza para conseguirlo, solo se trata de ser paciente, vivir el proceso y tener ante todo mucha ilusión por lo que esté por venir.

Si quieres vivir ese proceso de cambio, solucionar lo que te ocurre al 100% y quieres que te acompañe, un primer paso sería agendar una sesión exploratoria vía Whatsapp. En esta sesión podremos profundizar en tu caso personal, ver de dónde viene el problema y sobre todo encontrar las soluciones que necesitas. Como profesional, no acompaño solo con sesiones, sino de una forma más constante y práctica, con ayuda diaria, para cualquier necesidad que tengas (además de sesiones y herramientas semanales).

Te envío muchos ánimos. Sé que la ira es agotadora porque todo ser humano la ha sentido. Sin embargo, tienes la capacidad para aprender a entenderla y a gestionarla. Y lo más importante: que sea un cambio que mejore tu vida en todos los aspectos.

Gracias por pensar en ti,
Rubén
Psicólogo y coach

Rubén Camacho

About Rubén Camacho

Un psicólogo y coach cuyo principal sueño es acompañarte a ti a conseguir los tuyos. He acompañado a personas de 7 hasta países diferentes (España, Argentina, Ecuador, Chile, México, Colombia y EEUU). Empoderamiento humano es mi forma de llegar a la gente valiente que se interesa por su auténtico desarrollo personal y profesional. Estoy para acompañarte... pero el protagonista eres tú.

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