Autoconocimiento: un viaje hacia tu interior

AUTOCONOCIMIENTO – Un viaje hacia tu interior

¿Quién soy yo? Y bueno… ¿Quién eres tú? El autoconocimiento es la asignatura pendiente, y continua de los seres humanos… pasamos nuestra vida en un constante proceso de autoconocimiento. Conocerte te ayuda a vivir en bienestar, con mayor consciencia sobre lo que quieres, sobre tus decisiones, y a su vez, no conocerte lo suficiente nos lleva a las mismas dificultades y bloqueos.

Sin embargo, el mayor problema que tenemos con el autoconocimiento no es no conocerte… sino todo lo contrario: creer que te conoces, que lo sabes todo sobre ti. Ahí, justo ahí, es donde te pierdes más información, porque conocerte no es creer que sabes quién eres, sino precisamente dejar de identificarte con todo lo que crees que eres… Y esto es lo más difícil, y a la vez, lo más bonito de todo el proceso.

Soy Rubén Camacho, psicólogo y coach de empoderamiento humano.com, y mi trabajo es acompañar a personas en procesos de cambio personal, bien sea para conseguir cambios y mejoras en su vida personal, sentimental, emocional, o en el área laboral. Lo interesante de un proceso de cambio es que siempre implica que vas a trabajar con tu autoconocimiento.

¿Por qué?  Porque un proceso de cambio te lleva a conocerte, a descubrir cómo interpretas las situaciones, qué crees sobre ti, sobre el mundo y sobre los demás, cómo gestionas lo que sientes, cómo y con qué te identificas… el autoconocimiento es la asignatura constante porque nunca nos conocemos del todo…y  a la vez es la asignatura pendiente porque no solemos profundizar en nuestro autoconocimiento.

Y por esta razón he preparado este vídeo… Autoconocimiento: un viaje hacia tu interior. Vamos a profundizar en qué es el autoconocimiento y cómo realmente podemos conocernos mejor para mejorar nuestra vida, bienestar y relaciones. Vamos a por ello!

Conocerte no es creer saber quién eres… sino ser consciente de que no lo sabes

¿Por qué es tan importante el autoconocimiento para nuestro bienestar y desarrollo personal?

Uno de los mayores errores que cometemos en nuestra vida es no conocernos lo suficiente. Vivimos relaciones de pareja donde se repiten las mismas dificultades (desconfianza, ansiedad, celos, miedos, inseguridades o necesidad de control y discusiones) porque no hemos descubierto qué es lo que realmente buscamos y necesitamos.

Cuando no te conoces vivimos en una deriva, sin saber realmente qué decisiones tomar, qué podemos hacer, qué no, y nos dejamos llevar demasiado por el contexto. También ocurre que terminamos por responsabilizarnos demasiado por lo externo por miedo a perder nuestros vínculos.

La falta de autoconocimiento personal te lleva siempre hacia la insatisfacción, la frustración y la falta de sentido o propósito de vida. Vivimos en piloto automático, presos de un sistema de constante estimulación, pérdidas y recompensas (algo que hoy día ocurre con cada vez más intensidad y frecuencia debido a nuestra era digital y materialista… de ahí que cada vez seamos más consumistas y adictos a la tecnología).

¿Qué es lo que se repite en tu vida una y otra vez que te bloquea y te lleva a las mismas experiencias desagradables? ¿Sabes diferenciar entre lo que quieres y lo que realmente necesitas?

Te puedes preguntar por tus talentos, ¿pero cuáles son también tus límites? (de forma frecuente, no conocer nuestros límites nos lleva a excedernos y terminamos por sentir insatisfacción, desmotivación, desánimo y ansiedad).

En nuestra era digital cometemos el constante error de dejarnos llevar por lo que nos dicen. Vivimos sin duda en la era de la sobre información, donde constantemente nos bombardean con mil y un mensajes sobre cómo debes vivir, pensar o sentir. Sin embargo, esto no lleva a conocerte sino a distanciarte aún más de tu realidad y subjetividad.

En resumen: la gran mayoría de problemas en nuestra vida proceden de desconocernos. Paradójicamente, existe un problema aún mayor: creer que nos conocemos totalmente. Esta idea es la que nos lleva una y otra vez a las mismas experiencias.

El gran error del autoconocimiento: identificarnos

El gran error que cometemos con nuestro autoconocimiento es precisamente identificarnos, es decir: creer que sabes quién eres, qué necesitas, y te identificas hasta tal punto con lo que crees, interpretas y sientes que lo percibes como una verdad absoluta.

El ser humano piensa, siente y experimenta de forma subjetiva. Vivimos una realidad totalmente personal, condicionada por nuestros filtros (es decir, nuestras experiencias, contexto, sistema de creencias, te afectan tus emociones o estado de ánimo, valores familiares, etc.).

Cuando somos niños vivimos de forma plena, y a medida que crecemos necesitamos construir una identidad concreta para vivir y relacionarnos en el mundo. Esta identidad es una ficción (tienes un nombre y apellidos pero es un azar, pudieras tener otros, y así con cualquier aspecto) pero la necesitamos.

De hecho, uno de los síntomas más habituales en las personas que sufren pérdida de memoria (por algún tipo de enfermedad o accidente) es que no saben quiénes son… es decir, vinculamos nuestra identidad, quienes creemos que somos, a nuestros recuerdos, pero nuestros recuerdos son también dinámicos, efímeros, cambian en función de nuestro estado de ánimo… así que tampoco podemos ser nuestros recuerdos o experiencias.

Es así cómo vamos identificándonos cada vez más: construimos una serie de valores, ideas, interpretaciones, sistema de creencias, puntos de vista… Es necesario, útil, condiciona nuestra vida… pero llega también un momento donde comienzan a ser limitantes.

Te doy un dato relevante: en todos los casos de personas con dificultades psicológicas (desde ansiedad hasta una ruptura de pareja, angustia, desánimo, desconfianza, etc.) existe algo en común, y es que nuestros pensamientos terminan por ser rígidos.

Creemos que nuestra ruptura es un fracaso. Creemos que desconfiamos porque sabemos lo que va a ocurrir. Creemos que nos enfadamos porque lo que ocurre es injusto. En definitiva. Realizamos juicios de valor porque lo que ocurre no es lo que queremos. Esto nos lleva a la frustración, al desánimo, a la inseguridad, etc.

El problema siempre está en la identificación: no somos conscientes de cómo nuestro mundo subjetivo se ha transformado en una verdad absoluta.

Eso, precisamente eso, es el auténtico autoconocimiento… conocer cómo funciona ese mundo subjetivo y poder entenderlo con perspectiva para no limitarte por él.

La vía hacia el auténtico autoconocimiento

El autoconocimiento es un proceso de limpieza, no de liberación del ego, sino de conocerlo. Este es también uno de los grandes mitos del autoconocimiento (promovido por las redes sociales): desconocer el ego. Creemos que el ego es el enemigo y utilizamos frases que realmente no tienen sentido (“esta persona tiene mucho ego”, etc.).

El ego, en realidad, es nuestra máscara. El ego es el sistema según el cual nos identificamos. El ego comienza con tu nombre, tus apellidos, lo que crees sobre ti y sobre el mundo, lo que crees que necesitas o eres. En cierto sentido, pudiera decirse que el ego somos realmente nosotros (al menos si nos referimos a nuestra personalidad o a quienes creemos que somos).

El autoconocimiento es en realidad un proceso de descubrimiento del ego para poder gestionarlo, no para estar a su merced. Si crees que “eliminaste” a tu ego… tu propia idea de poder hacerlo es ego en sí mismo (mirar al “ego” de los demás también es algo egocéntrico).

Aunque existen mil y un juegos de autoconocimiento (ruedas de la vida, ventana de Yohari, Eneagrama, etc.) también tienden hacia el mismo conflicto: identificarte.

La vía hacia el auténtico autonocimiento consiste precisamente en conocer todas las capas según las cuales construyes tu personalidad, aprender a no identificarte con ellas, y aplicar distintos cambios estratégicos en tu vida (en tu forma de comunicarte, relacionarte, entender tus emociones, rutinas, etc.) que te lleven hacia trascender lo que crees sobre ti.

Podemos encontrar estas capas, como si fueran las distintas partes de una cebolla, desde lo más superficial hasta lo más profundo:

  • Contexto: los seres humanos somos seres sociales y estamos profundamente condicionados por nuestro contexto. El contexto hace relación a la cultura, pero también a los valores familiares, a la educación que has recibido (por parte de tu familia o de la sociedad), y también al estilo de apego que has desarrollado a través de tus vínculos familiares más cercanos (más seguro, inseguro, evitativo o ansioso). El contexto es la capa más superficial pero no por ello menos importante. El contexto no podemos cambiarlo… pero ser consciente de cómo te ha condicionado y aplicar cambios que mejoren tu vida sí es posible. Habitualmente pensamos que nuestro contexto nos ha hecho ser como somos y que no se puede cambiar. Este es otro modo de identificación. Crees que “eres así”.
  • Experiencias: a medida que somos autónomos tenemos experiencias vitales que nos hacen sentir emociones, de ahí a interpretaciones e ideas sobre el mundo (por qué ocurre lo que ocurre, qué es justo e injusto, necesario o no, cómo relacionarme, etc.). Estas experiencias ante todo son afectivas, relacionadas con tus vínculos familiares, más tarde sentimentales, amistosos, etc. Nuestras experiencias son subjetivas pero las consideramos verdades absolutas. Aprender a entenderlas con perspectiva y saber entender y gestionar lo que sentimos es clave para poder trascender las experiencias desagradables que más nos han condicionado.
  • Sistema de creencias: el sistema de creencias alude al conjunto de interpretaciones que tienes de forma recurrente sobre el mundo, sobre los demás, sobre ti. No, no estamos “programados” (no somos ordenadores), sino que nuestros hábitos y forma de gestionar nuestras emociones nos llevan una y otra vez a las mismas interpretaciones. Conocer tu sistema de creencias y modificarlo (mediante tus acciones) te ayudará a ver el mundo con más perspectiva y sobre todo a poder trascender creencias que te limiten demasiado.
  • Valores: los valores son los principios, cualidades o virtudes que nos caracterizan… pero no nos definen. El ser humano puede cambiar de valores a lo largo de nuestra vida. Nuestro principal error es doble: primero, no conocer nuestros valores, y segundo, vivir de acuerdo con valores que no tenemos. Conocer tu sistema de valores y poder vivir con una conducta armónica con esos valores te ayuda a sentir paz, bienestar y armonía.
  • Identidad: tu identidad es quien crees que eres. Volvamos a la pregunta inicial: ¿Quién soy? ¿Quién eres? Cualquier respuesta que des será siempre incompleta. No somos nuestro nombre y apellidos, ni un género, ni una emoción, ni un conjunto de ideas. A medida que nos liberamos de las identificaciones y nos disolvemos estamos más cerca de responder la pregunta. Sin embargo, mientras tanto, quien crees que eres determina tu forma de vivir. Conocer lo que crees sobre ti y trascenderlo te ayudará a vivir y relacionarte con el mundo desde la aceptación y la confianza.

Estas son las principales capas, aunque existen otros procesos igualmente importantes:

Tu forma de construir autoestima: la autoestima no es alta, ni baja, ni se gana ni se pierde, sino que te funciona o no, te ayuda a vivir con bienestar o no. Una autoestima cuyo bienestar depende demasiado de factores externos (comparaciones, juicios de valor, exigencias, expectativas) será siempre frágil. Una autoestima que depende de lo que haces por tus propios medios, cómo lo interpretas y gestionas, será más sólida. La autoestima no es una cosa, sino un sistema, una forma de hacer, de relacionarte y entenderte.

Gestión de emociones: tu forma de entender y gestionar lo que sientes es fundamental para cualquier tipo de proceso de cambio y autoconocimiento, ya que somos seres emocionales y nos condicionan de forma constante. Pero el problema no son esas emociones (ni el miedo ni la inseguridad son por sí mismas un problema, ya que son útiles y necesarias) sino tu forma de entenderlas y gestionarlas, así como de identificarte con ellas y dejarte llevar.

Tu comunicación y estilo de relaciones: la forma en la que enfocas tus relaciones y te comunicas también condiciona tu bienestar. Somos seres sociales y conectar con los demás y crear vínculos para compartir la experiencia de vivir es necesario, así como una experiencia compleja repleta de dificultades. En nuestras relaciones encontramos un espejo para conocernos, profundizar y avanzar. Con nuestra comunicación también conseguimos conectar y gestionar lo que sentimos.

El autoconocimiento es entonces un viaje hacia ti, donde conozcas todas esas capas, las trasciendas y apliques cambios que te lleven hacia una vida más fluida y armónica. Y ahora… ¿Cómo se relaciona todo esto con el famoso “propósito de vida”?

El autoconocimiento y el propósito de vida

Hoy día las redes sociales están plagadas de frases como esta: “encuentra tu propósito de vida”, o “te ayudo a encontrar tu propósito de vida para ser más feliz”.

Lo curioso es que la gran mayoría de estas frases provienen del mundo del marketing o de personas que mueven tráfico de clics en redes (los llaman influencers, pero yo prefiero llamarles por su definición exacta).

¿Cuál es la relación del autoconocimiento con el propósito de vida?

Habrás leído en múltiples ocasiones que el propósito de vida es a lo que hemos venido a hacer aquí. ¿Te das cuenta de lo autoexigente que es algo así? La mera idea de considerar que tenemos una misión está más cerca de la psicosis o la hipomanía que del bienestar (por eso, siempre lo digo: cuidado con las redes sociales).

El propósito de vida no es algo que podamos encontrar. El mero hecho de buscarlo ya nos muestra la idea de que es esquivo. Si el autoconocimiento es un viaje para toda la vida, ¿cómo vamos a encontrar un propósito?

Un propósito de vida no se busca ni se encuentra… sino que se hace. Tu propósito de vida es sencillamente comportarte de forma armónica con tus valores. Si te comportas con generosidad, tus propias acciones tendrán propósito (no “un” propósito). Si aprendes a entenderte y a entender, tu empatía tendrá propósito. Porque tu autoconocimiento y cambio personal te lleva a experiencias que te hacen crecer cada vez más.

Tu propósito de vida puede cambiar. Cada año puede ser diferente. Tu propósito está alineado con tus talentos, con lo que te hace feliz, pero también con lo que puede hacer felices a los demás (pensar solo en lo que nos gusta también denota individualismo, lo cual nos aleja de nuestra dimensión social, también imprescindible para conocerte).

No te limites por un propósito. Actúa con propósito. A medida que te conoces, esta área queda cada vez más clara.

Un proceso de cambio para conocerte

El autoconocimiento es entonces la principal vía hacia ti, hacia tu bienestar y mejora personal. Sin embargo, nada de esto puede ser posible sin acciones. Trata de recordar el día en el que aprendiste a montar en bici (o el coche, o cualquier tipo de aprendizaje similar). ¿Cómo conseguiste hacerlo? Son nuestras acciones las que nos  llevan hacia un tipo de experiencia u otra, hacia una visión u otra, hacia una sensación u otra.

Tratar de conocerte desde un refugio, una cueva o solo una lectura solo será un deseo. Hacerlo de verdad implica que pasas a la acción, que te pruebas, que haces real una serie de acciones diferentes donde te descubres, aprendes y desarrollas.

Por este motivo un proceso de cambio te lleva hacia el autoconocimiento. Todo autoconocimiento conlleva acción, contacto, experiencias. Y esto no tiene por qué ser una experiencia solo destinada a unos pocos…

Uno de los factores más importantes en un proceso de cambio y autoconocimiento es la compañía, pero no una compañía que te juzgue, te aconseje o te guíe (esto sería también condicionarte) sino que te acompañe de forma limpia, como un espejo en el que te puedas reflejar y así aplicar cambios de forma más clara. Esto es lo que habitualmente hacemos los psicólogos… aunque es cierto que la gran mayoría de métodos de autoconocimiento transpersonal (que quiere decir “ir más allá de la personalidad”) solían ser costosos y complejos.

Por este motivo en el año 2012 diseñé “Conócete en 21 pasos”, un proceso de autoconocimiento profundo pero práctico, donde puedes conocer las distintas capas de tu personalidad y te hago las preguntas clave para poder trascenderlas. Todo con mi compañía constante (cada día, para cualquier necesidad que tengas) y gracias a la flexibilidad es un proceso que no conlleva costos desorbitados. Son ahora casi 10 años desde que acompaño a personas con este proceso para conocerse mejor y aumentar su bienestar y relaciones.

Voy a hacerte ahora una propuesta especial, aunque en realidad es doble. Si quieres vivir “Conócete en 21 pasos” e iniciar justo hoy, solo tienes que hacer clic en el este botón.

Y si tienes alguna duda, quieres consultar más o descubrir cómo esto pudiera ayudarte, puedes agendar una sesión exploratoria conmigo. En esta sesión nos conocemos, profundizamos en tu caso, vemos cuál es el problema, cómo solucionarlo y cómo puedo acompañarte (con Conócete en 21 pasos o con otro proceso si es lo que necesitas). No dudes en agendar, pero solo si tienes un pleno compromiso para solucionar lo que te ocurre y que esta experiencia se quede contigo para siempre.

Ahora tú das el primer paso hacia ti, con más limpieza, sentido y claridad.

Gracias por pensar en ti,
Rubén

Rubén Camacho

About Rubén Camacho

Un psicólogo y coach cuyo principal sueño es acompañarte a ti a conseguir los tuyos. He acompañado a personas de 7 hasta países diferentes (España, Argentina, Ecuador, Chile, México, Colombia y EEUU). Empoderamiento humano es mi forma de llegar a la gente valiente que se interesa por su auténtico desarrollo personal y profesional. Estoy para acompañarte... pero el protagonista eres tú.

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