Lo que aletea en nuestras emociones (último artículo 2020)

Lo que aletea en nuestras emociones

Lo que aletea en nuestras emociones (último artículo 2020)

Gira... y yo la espero

Estamos a punto de decirle adiós al año 2020. Un año que consideramos fatídico porque nos han bombardeado de forma constante con malas noticias (el mundo ha continuado con un perfecto equilibrio entre buenas y malas noticias). El año, si no hacemos juicios de valor, sencillamente ha sido una serie de momentos y experiencias que nos han hecho aprender. Algunas, han sido agradables, otras desagradables, otras fáciles y otras muy difíciles. Quiero terminar el año confesándote qué ha sido lo más especial para mí (además de con un poquito de neurociencia, psicología, desarrollo personal... y música).

Como psicólogo y coach, este año también ha sido muy diferente para mí. Mi trabajo siempre ha sido acompañar a personas en sus procesos de cambio, bien sea en el terreno personal o profesional (aunque es cierto que todas nuestras dificultades son de índole personal). El tiempo hizo que, gracias a todas esas personas, terminara trabajando de una forma muy especial: con una compañía constante, práctica y a la vez profunda (desafiando así muchas de las ortodoxias del psicólogo convencional). Sin embargo, este año ha sido diferente y me ha tocado ser más psicólogo que nunca...

Sí, es totalmente cierto: los síntomas de ansiedad y depresión (en muchos casos desánimo y falta de motivación) debido a la pandemia han aumentado de forma drástica. Este año he trabajado más que ningún otro. A la vez, mi hijo es más mayor y me ha exigido más atención (esta parte ha sido muy divertida). ¿Cómo podemos los psicólogos desconectar para poder acompañar a las personas de la mejor forma posible?

El trabajo del psicólogo es extenuante en un sentido emocional, y las emociones, lo sabemos bien, son nuestra principal fuente de energía. ¿De qué depende tanto nuestro estado de ánimo, como tu conducta, tu sistema de creecias, tu interpretación sobre lo que ocurre, tus decisiones, tu forma de comunicarte, tu forma de relacionarte? ¡De tus emociones! (o mejor dicho, de la forma que tienes de entenderlas y gestionarlas).

Tu bienestar, la calidad de tus relaciones personales, tus decisiones profesionales o de pareja, todo depende de cómo gestionas tus emociones. Somos seres emocionales, necesitamos la emoción para vivir. El psicólogo, para desconectar, necesita ante todo equilibrar sus emociones. ¿Y cómo lo he hecho yo?

Mis herramientas maestras son la música y la literatura (también ayuda el ejercicio). La música, y todos los modos de arte en general, son un generador incombustible de emociones. Esto es lo que principalmente más nos emociona: el contacto humano (muy deteriorado este año), ideas, propósitos y estados de ánimo reveladores, ayudar a los demás, la música, la escritura, el baile, el dibujo o pintura... En la acción artística y creativa encontramos una herramienta genial para gestionar nuestras emociones.

Este año he compuesto mucha música (tras algunos años sin  hacerlo), he tocado música con frecuencia, y he experimentado uno de los rituales que más feliz me han hecho en mi vida: compartir la experiencia de compartir música con mi hijo. Cada semana, al menos un día, damos un largo paseo de varios kilómetros y escuchamos el mismo disco usando un adaptador jack para dos auriculares. Y aquí es donde llega la historia tan especial que quiero contarte y que contiene el mensaje principal de este artículo...

Un día, tras nuestro largo paseo, decidí darle a mi hijo (es muy pequeño) un auricular y hacerle escuchar la primera canción que tenía en el mp4. Fue "Dulce introducción al caos", la primera canción de La ley Innata (2008) del grupo musical Extremoduro. Mi hijo es totalmente asertivo en relación a la música. Rápidamente te dice si le interesa o no, y si no le interesa no podrás convencerle de que escuche ni un segundo. Sin embargo, se quedó completamente quieto mientras escuchaba esos primeros arpegios. Pasó un minuto y continuaba atento. Le pregunté si quería parar, alzó la mano y me hizo saber que quería escuchar más. Le di la mano y comenzamos nuestro paseo de regreso a casa. La canción, de más de 7 minutos, terminó. Quise quitarle los auriculares cuando rápidamente paró mis manos y me dijo solo una palabra: "más". Así que escuchó El primer movimiento (la segunda canción de La Ley Innata). El niño escuchó el disco completo, con todos sus arreglos, codas, motivos y versos. Quedó totalmente fascinado. Desde ese día, en cada paseo, a pesar de que le hago diversas propuestas, siempre me pide escuchar La ley innata.

En otro de nuestros paseos conseguí convencerle de escuchar otro disco: "Lo que aletea en nuestras cabezas", primer disco en solitario de Robe (líder de Extremoduro). Ese disco ha sido fundamental en este año para poder trabajar, vivir y sentir. El disco comienza con un suspiro que crece, donde una sencilla guitarra, violín y flauta crecen juntos hasta crear un emocionante vendaval. El niño quedó nuevamente fascinado. A cada canción, me preguntaba por el significado de frases y palabras. Escuchamos este disco en varias ocasiones. Mi siguiente disco para disfrutar iba a ser Destrozares, el siguiente disco en solitario de Robe... pero algo extraño ocurrió en esa escucha.

No todo lo que ocurre en nuestro día a día es agradable y tratar de construir una vida idílica no solo es hedonista sino tremendamente irreal e incluso egoísta. En la vida existen tareas que no nos gustan pero son necesarias (desde fregar los platos a tiempo hasta compartir espacios o hacer la facturación del mes). Estaba en una de esas tareas tediosas de trabajo (pero imprescindibles para luego poder atender bien a las personas que acompaño) cuando decidí colocarme los auriculares y escuchar Destrozares... y el resultado no fue el que yo esperaba. Destrozares era un disco similar a Lo que aletea en nuestras cabezas. Sin embargo, no lograba encandilarme. Los arreglos eran similares, las letras seguían siendo llanas y a la vez profundas, la armonía era clara y agradable y cada canción un regalo independiente. Pero Destrozares no me hacía sentir bien. ¿Qué estaba pasando?

Al día siguiente quise darle otra oportunidad... y el resultado fue aún peor. Destrozares era un gran disco pero no conseguía emocionarme. No vamos a esperar más. Voy a contártelo. Lo que me pasaba con Destrozares era lo siguiente: mi cerebro reconocía las similitudes con "Lo que aletea en nuestras cabezas", y, por lo tanto, quería volver a escuchar este disco... ¡pero se encontraba con Destrozares! El rechazo era obligatorio.

No, no te estoy hablando de expectativas. Es algo mucho más profundo que eso. Nuestro cerebro encuentra emocionante el hábito además de la sorpresa. Encuentra bienestar en ciertas acciones y buscamos fomentarlas. A veces, esas acciones nos limitan, y a veces nos liberan. Por más que yo quisiera disfrutar de Destrozares, mi cerebro quería seguir escuchando el disco anterior, porque se había emocionado con él, porque en mi sistema límbico ya existía ese reconocimiento y lo esperaba tanto como el agua o el café de la mañana. Ocurre de forma similar con la famosa tarea de Wason: la palabra es "azul", pero tú, al verla de color rojo, no puedes evitar tardar mucho más tiempo en pronunciarla que si la palabra estuviera escrita en color azul. Mi cerebro buscaba un reconocimiento y lo que oía no le encajaba.

Hasta que llegó el día de nuestro nuevo paseo. Le hice, como siempre, una propuesta (él es quien elige lo que vamos a escuchar). ¿Quieres escuchar de nuevo "Lo que aletea en nuestras cabezas", o "Destrozares"? El niño eligió Destrozares. Sentía mucha curiosidad por la portada del disco (un edificio destruido y en llamas, pero coronado por dos humanos que se abrazan). Quería saber de qué se trataba esa imagen. Insistió tanto, que nos colocamos los auriculares, nos dimos la mano, dimos a Play y comenzamos a pasear.

Algo mágico ocurrió. El paseo, la compañía y el entusiasmo de mi hijo allanaron el camino. Mi cerebro quiso escuchar Destrozares. Me encontraba cómodo, abierto, expectante, contagiado por la apertura del niño. Solo las primeras estrofas de la primera canción me emocionaron. Vi al niño disfrutar del tercer tema y yo lo disfruté con él. Cada canción era un regalo. Cada arreglo era una caricia. El niño volvía a preguntarme por significados de versos y palabras.

Esta historia que te he contado está relacionada con las decisiones más importantes de tu vida. Con algo que te ocurre de forma constante. Tener frente a ti a una persona ideal pero no poder enamorarte porque sientes miedo. Tener frente a ti a una persona que quieres controlar porque tienes miedo a perder un vínculo y sentir ira. Tener miedo de la reacción del otro y no poder límites o tomar ciertas decisiones. Vivir con preocupaciones que te aíslan de la paz natural con la que puedes encontrarte. Lo que sientes determina gran parte de tus ideas y estas sensaciones dependen de un contexto, de una serie de experiencias y aprendizajes, y todo eso, absolutamente todo, puede cambiar si tú decides tener la apertura suficiente.

Todo lo que ahora te ocurre, absolutamente todo, se basa en un error por tu parte: creer que tienes razón. Que lo que interpretas es la realidad. Pero no lo es. Tan solo es un punto de vista, siempre pequeño y limitado. Cambiar y crecer de forma profunda implica que reconoces ese error y te dispones a asumir el compromiso de ir más allá de tus ideas e interpretaciones. Querer, en definitiva, estar dispuesto a vivir tal y como lo hace un niño (con una infinita confianza y apertura). El cerebro de mi hijo es tan plástico que siempre está aprendiendo y nada novedoso le resulta un problema, sino una fuente más de estímulo y conocimiento. En esto consiste realmente el desarrollo personal: no en seguir teorías caprichosas sin fundamento, sino en limpiarte, en vaciar, en necesitar menos, en vivir de forma receptiva. Y, sobre todo, en confiar en que lo que va a ocurrir es lo adecuado y tener entusiasmo por experimentarlo.

Así que ahora te toca decidir qué quieres cambiar y qué tiene que cambiar de ti para que eso ocurra. El mundo va a seguir girando. Se trata de cómo decides bailar con él: si tratando de controlarlo o dejándote llevar por su compás natural. Feliz año!

Noto en el aire un suspiro
y todo cambia de sentido

Gracias por pensar en ti,
Rubén

Rubén Camacho

About Rubén Camacho

Un psicólogo y coach cuyo principal sueño es acompañarte a ti a conseguir los tuyos. He acompañado a personas de 7 hasta países diferentes (España, Argentina, Ecuador, Chile, México, Colombia y EEUU). Empoderamiento humano es mi forma de llegar a la gente valiente que se interesa por su auténtico desarrollo personal y profesional. Estoy para acompañarte... pero el protagonista eres tú.

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