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INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NIÑOS. ¿CUÁLES SON LAS DIFERENCIAS?

INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NIÑOS. ¿CUÁLES SON LAS DIFERENCIAS?

INTELIGENCIA EMOCIONAL EN NIÑOS.

¿CUÁLES SON LAS DIFERENCIAS?


¿Inteligencia emocional...  y niños? ¿Es eso posible?

La Inteligencia Emocional primero llegó a las empresas (porque ahí es donde era más rentable crecer y comenzar), luego a cualquier persona, y finalmente a las familias. Los niños también sienten emociones y tienen un sistema para gestionar sus emociones. ¿Cómo lidiar con ello?

Te cuento algo: hace unos años una madre de familia me hizo una consulta. Tenía problemas con su hija (de unos 12 años), porque según me contaba, era demasiado agresiva y tenían una mala relación. Quería saber si a su hija le ocurría algo en relación con sus emociones, su impulsividad o su ira. La madre continuó contándome cómo se relacionaban, cómo se comunicaban, cuáles eran sus acciones y cómo le prestaba atención. Le hice una simple pregunta:

- ¿Qué es lo que realmente te pidió tu hija?


Esa madre, muy preocupada por el estado emocional de su hija, descubrió que no atendía a sus peticiones reales (totalmente claras y asertivas) sino a lo que ella pensaba que le estaba pidiendo a consecuencia de su preocupación y expectativas. En cuanto comenzó a comunicarse con ella de forma clara, asertiva y en función a sus auténticas necesidades, no hubo más episodios de ira o impulsividad.

Esta historia demuestra un hecho claro: la inteligencia emocional en niños consiste más bien en que los padres sepan gestionar sus emociones para así comprender qué les ocurre a los niños, que trabajar directamente con los más pequeños. A fin de cuentas... ellos ya saben expresar sus emociones perfectamente.

Si eres padre o madre, este gran reto es el que te propongo en este artículo. ¿Cómo gestionar las emociones para la crianza o para disfrutar de una buena relación con tus hijos?

La inteligencia emocional en los niños depende solo de un factor: entrenar en inteligencia emocional a los padres.

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Una madre preocupada por su hijo decidió iniciar un viaje hacia el desierto para encontrarse con un sabio y sanador. Cuando llegó, le dijo que su hijo no podía dejar de comer azúcar. Le había llevado a los mejores médicos y nutricionistas y no había conseguido su objetivo: que su hijo dejara de comer azúcar. El sabio le dijo que regresara a los 3 días. Cuando pasó ese tiempo, la madre regresó sorprendida: su  hijo había dejado de comer azúcar. Cuando llegó a la tienda del sabio, le preguntó:
- ¿Cómo hizo para que mi hijo dejara de comer azúcar?
El sabio respondió
- Mujer, llevo 3 días sin comer azúcar...

La gran clave está en el ejemplo.

Los seres humanos nacemos de forma naturalmente empoderada y con un nivel alto y perfecto de Inteligencia Emocional. Un niño, incluso un bebé, es un ser que se alegra, enfada o entristece por los motivos adecuados y con la intensidad adecuada. Sin embargo, a medida que crecemos, la relación con los padres y el resto de la sociedad va moldeando nuestro sistema de gestión emocional. Por eso es tan importante que desde un principio sepamos potenciar a los más pequeños.

¿Cómo?

El primer paso es saber cuáles son las diferencias entre el sistema de gestión de emociones de un adulto y el de un niño. Estas son las principales diferencias:

  • CREENCIAS (INTERPRETACIÓN) Y NECESIDAD (REALIDAD): Los adultos contamos con un sistema de creencias (un modo de interpretar la realidad) que nos influye a la hora de gestionar lo que ocurre, la aparición y el mantenimiento de ciertas emociones. Los niños, por el contrario (sobre todo hasta los 5 años, cuando aún no cuentan con un lenguaje verbal completo) se emocionan sin sistema de creencias, sino obedeciendo a instintos y necesidades básicas (ya que son seres dependientes)
  • DEPENDENCIA Y APRENDIZAJE: Los adultos, por nuestros errores a la hora de gestionar nuestras emociones, solemos tener más miedo que el necesario, más ira de la necesaria, más orgullo del necesario, a veces más tristeza de la necesaria. Los niños sienten las emociones en su justo grado, para calmar ciertas necesidades. Ahí, es importante que los adultos acudan de la forma más inmediata al cuidado emocional del menor cuando sienten una emoción desagradable. Es así cuando el menor aprende que no existen motivos para mantener la emoción desagradable (dato pediátrico: los niños que suelen dormir con sus padres y disfrutar de una crianza con mayor apego, suelen ser más alegres, más resilientes, gestionan mejor sus emociones, y con el tiempo son más independientes)
  • RESPONSABILIDAD: Los adultos tenemos la responsabilidad de aprender a gestionar nuestras emociones. Los niños sienten las emociones que necesitan y las expresan de forma correcta. Son los adultos los responsables de que eso continúe por buen camino o no.
  • RETROALIMENTACIÓN: A medida que el niño crece y es más consciente de su mundo emocional, necesita de la retroalimentación del adulto para aprender a entender las emociones de los demás.

De estas 4 grandes diferencias seguro que has sacado una conclusión clara. Y es que el hecho de que tengamos tantas dificultades con nuestra gestión de emociones, procede de una crianza donde no se potenció la inteligencia emocional del menor, sino todo lo contrario: se le motivó a no comprender sus emociones (dejándole llorar cuando necesita consuelo, por ejemplo, ya que el menor no tiene la capacidad para aliviarse por sí mismo, y eso genera inseguridad y desconfianza. También ocurre si reprimimos la respuesta emocional del niño).

Pero vayamos mejor al lado más positivo. ¿Qué deben hacer los padres para potenciar la inteligencia emocional de los hijos?

Esto seguro que te interesa más.

Son solo 6 claves muy claras:

1

RESPETAR Y POTENCIAR LA EXPRESIÓN EMOCIONAL

Cuando un bebé cuenta con una necesidad, lo expresa mediante el llanto. Esa expresión es irreprimible, tiene un motivo justo y todo el sentido para ser expresada. A medida que crecen, las expresiones emocionales crecen, pero igualmente tienen un sentido necesario y una intensidad justa. Incluso en una rabieta, la emoción sirve al niño para aprender sobre sus capacidades y también sobre sus límites. En todo momento respeta su expresión emocional. Permite que se exprese... y acompáñales en el proceso de descubrimiento.

2

REACCIONES DE EMPATÍA Y ACERCAMIENTO

Ante la expresión natural de emociones, expresa empatía (saber ponerte en el lugar del otro) y acercamiento. La represión o adicción de emociones (que es el resultado de gestionar de forma disfuncional e inadecuada nuestro mundo emocional) se aprende cuando no hemos sentido empatía y acercamiento de parte del adulto. En todo momento: comprende, entiende, respeta, valora, y acepta (tendrás que entrenar tu paciencia, por supuesto).

3

NO DEJARSE CONTAGIAR

Si ante una reacción de llanto o ira reaccionas de la misma forma, la emoción cobra una dimensión mayor y su intensidad deja de ser funcional. Ante una rabieta, reacciona con tranquilidad. Ante un llanto, reacciona con empatía y acercamiento y apoyo, pero sin preocupación. Si tu preocupación es excesiva, el llanto dura más. Si es la adecuada, el llanto cesa en cuanto la emoción deja de tener sentido. Recuerda la gran característica de la persona emocionalmente inteligente: sientes sus emociones en el grado justo, por los motivos justos, con la intensidad necesaria.

4

PROMOVER EL CAMBIO EMOCIONAL A TRAVÉS DEL PROPIO EJEMPLO

Tu reacción a través de acciones es la que puede enseñar al niño que las emociones van y vienen y no somos esclavos de ellas, sino que están a nuestro lado para informarnos y ayudarnos a crecer. Practica el cambio emocional con tu propio ejemplo. Aprende a gestionar tu ira, tu orgullo, incluso tu tristeza. Tú eres el principal acompañante y guía del menor.

5

CUANDO SEA MÁS MAYOR: AYUDAR CON PREGUNTAS PARA PODER ENTENDER LAS EMOCIONES

En un principio, las reacciones emocionales de los niños son las adecuadas (aunque su mundo emocional sea muy diferente al nuestro). A medida que aprenden a hablar, pueden comenzar a interpretar el mundo y por lo tanto a sus propias emociones. En ese momento, ayúdale con preguntas para que aprenda a conocer su mundo emocional. Deben ser preguntas abiertas, que motiven la reflexión y ante todo el cambio emocional. Decir "no llores más" no sirve de mucho. Preguntas como: "¿Qué te está ocurriendo exactamente? ¿Y cómo pudieras sentirte mejor? ¿Qué te ha hecho sentirte así? ¿Quieres que te ayude a calmarte?", funcionan mucho mejor.

6

PONER LÍMITES CLAROS (A PARTIR DE LOS 3 AÑOS)

A partir de los 3 años, el niño es suficientemente inteligente como para comprender que las acciones tienen consecuencias. Ahí es donde deben surgir los límites. En ocasiones, se piensa que los límites disminuyen el empoderamiento de la persona o que supone una falta de afecto. Es un error moderno y muy perjudicial tanto para los niños como para los seres humanos. Nuestra educación ética y moral, nuestra sensibilidad y empatía, depende de estos momentos. El niño debe saber qué puede hacer (porque las conscuencias sean agradables para todos) y qué no puede hacer porque genere daño o molestia. Una persona que no aprendió esto, no verá problemas en conseguir sus objetivos sin que importen los fines, y a la ve, tendrá graves problemas para gestionar emociones como la frustración, la paciencia, la tristeza, el resentimiento o la ira. Los niños también deben aprender a frustrarse, aburrirse, ser pacientes, enfadarse un poco o incluso entristecerse. Ese aprendizaje les valdrá para toda la vida.


Si sigues estas 6 claves, te aseguro que estarás potenciando la inteligencia emocional de los menores que vivan contigo (los niños ya las gestionan muy bien, aunque su mundo emocional sea completamente diferente al nuestro y lloren, se enfaden o alegren por otros motivos)

Recuerda la principal clave: para poder potenciar la inteligencia emocional de alguien, ante todo, debes potenciar la tuya.

En ese sentido, puedes conseguirlo en soledad o con compañía. A mí me gustaría acompañarte en ese viaje... pero antes, te sugiero que te unas al CLUB DE EMPODERAMIENTO (es gratis)

Aquí te cuento qué fue ese “algo diferente” que a mí me llevó a mi mayor desarrollo personal y profesional.

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Gracias por estar ahí,

Rubén

About Rubén Camacho

Un coach cuyo principal sueño es acompañarte a ti a conseguir los tuyos. He trabajado con clientes de 5 países (España, Argentina, Ecuador, Chile y México). Me encanta viajar y llegar cada vez a más personas. "Empoderamiento humano" es mi forma de llegar a la gente valiente que se interesa por su auténtico desarrollo personal y profesional. Estoy para acompañarte... pero el protagonista eres tú.

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